domingo 22 de noviembre de 2009

No, no y no

- ¡NO! "V" no es una maravilla pero tampoco es ridícula. El piloto es una de las obras de ingenieria que más admiro: puso sus cartas sobre la mesa, fascinó y atrapó. Excepto a quien andaba buscándole los tres pies al lagarto. ¿No tiene más que eso? ¿Ser un drama de ciencia ficción entretenido? ¡NO! Aún hay que ver por donde se mueve. Pero como aún no sabemos si su ambición es la de Galáctica o la de Héroes ¡que dejen de correr ríos de tinta!

- ¡NO! Flasforward no es el nuevo Perdidos. aunque se esforzaron mucho en que el cascarón tuviese aroma a Lost 1.5 en realidad no es más que un "skin" sin idea de programación. Los conflictos de los personajes son tan absurdos y el universo flasforwaniano tan ínfimo en su credibilidad que no tiene opciones de maravillar a estas alturas. ¿Va a ser cancelada? ¿Es el fracaso de la temporada? ¡NO! Todavía no estamos ante la versión acelerada de la trama deshinchada sino en el punto "de relleno" que los creadores están tratando de estirar como si no hubiese nada que contar.

- ¡NO! Cougar Town puede ser un placer culpable, pero por lo menos es una serie bien construida: con ritmo, buenos gags -aunque no inventen la rueda- y una Courtney Cox en estado de gracia. Recoge el testigo de la frivolidad de Sexo en Nueva York sin petulancias y con mucho humor supuestamente incorrecto, que no engaña a nadie. Si estuviera en Showtime, se hablaría de ella de otra manera.

- ¡NO! The Big Bang Theory no puede ser mejor que How I Met your Mother. Lo siento. Están situadas a kilómetros en el ámbito de las sitcom clásicas. La primera es un lavado de cara actual para una vieja novela y la segunda es buena literatura que ha sabido reinventar su género.

- ¡NO! No nos pueden seguir colando estos flashes a lo Men in black con los arcos de algunos personajes en las series. ¿Sabes esa sensación emocionante, al terminar un capítulo, de que ha habido un cambio en la evolución de los personajes... y al comienzo del siguiente capítulo no hay ni rastro de esa evolución? En Dexter (pónganse de pie) es la segunda o tercera vez que se fuman una trama al principio de la temporada como si la anterior no hubiera existido. Vale que su protagonista es amo y señor del show pero, vamos a ver, ¿alguien se acuerda de la tensión sexual insinuada en la segunda temporada entre Dokes y Deb (por cierto, eterno objeto de cualquier emparejamiento sexual posible en la serie)? ¡NO! ¿Qué fue de la trama de Ángel y la abogada, con tanto peso en la anterior temporada? ¿Se resuelve en off? ¡NO, señores!

Y lo mismo con la desaparición express de Rick Acervo en Fringe -al menos le dedicaron tres capítulos-, Libby en Lost -de la que el propio Lindendof dice que no volverán a hablar; el supuesto transfondo político que iba a tener True Blood, del que sólo queda algún eco lejano entre locura y locura; el noviete de Becca en Californication, desaparecido al servicio de una trama completamente distinta; lo que acaba de ocurrir en How i met your mother -un giro tramposo resuelto en 20 minutos que rompe una trama que fue base en las dos últimas temporadas (Robin y Barney, sólo para darle opio al pueblo con el regreso del Neil Patrick Harris de siempre (sí, es cojonudo, pero que pena de oportunidad de evolución); y, por poner algún punto final entre los miles de ejemplos, el reset que se producía en House, capítulo tras capítulo, de cualquier evolución implícita o explícita. Gracias a dios que esta temporada promete cambios. Algo que lleva haciendo desde hace tres temporadas, por cierto.

En este sentido, quiero romper una lanza a favor de Smallville, una serie que, antes de convertirse un drama ridículo, repetitivo, tosco, infantil y sin sentido en el horizonte, contaba una historia: ¿la de Superman? ¡NO! La de Lex Luthor. Y la contó entera, poquito a poco, sirviendose de matices para que un personaje roto se deconstruyera y fuera dibujándose a si mismo como un gran villano... mediante actos.

Y aún con todo este halo de pesimismo... en febrero empieza LOST. ¡SÍIIII!

lunes 6 de julio de 2009

Series para el verano (y para siempre)


Obligatorias si no las has visto
24 - serie inteligente y trepidante (7 temporadas)
A dos metros bajo tierra -5 temporadas, 2 de ellas magníficas
Dexter -3 temporadas
CSI ¡sólo la original! - 8 temporadas
Mad men - 2 temporadas que son pura delicia
Arrested Developtment - 2 temporadas y una peli en el horizonte
Los Soprano - 6 temporadas que son volúmenes filosóficos
The Wire - 4 temporadas (recomendación prematura, pero bien avalada)
In treatment - 2 temporadas de pura psicología
Extras- probablemente, la mejor comedia británica que ha parido la BBC
Galáctica - Sí, es Ciencia Ficción. Sí, es una de las mejores obras de la Historia de la Televisión.
Firefly - 1 temporada, 1 película... 1 maldita joya.
Fraiser - la mejor comedia de todos los tiempos (con mis respetos a Friends y Seinfield)

Clásicos a redescubrir (porque son Historia)
Twin Peaks (en serio, entera)
(Ciclo Joss Whedon) Buffy The Vampire Slayer + Angel (sí, en serio)
Expediente X (10 temporadas son muchas, pero 5 son fundamentales)
Ally McBeal y El abogado (las obras maestra de David E. Kelly)
Alias (o el precedente de Perdidos)

Las apuestas seguras (series buenas o muy buenas)
Californication
Life on Mars
House M.D.
Veronica Mars
Weeds
El Ala Oeste de la Casa Blanca
Cómo conocí a vuestra madre
Dollhouse
Flying with Conchords
(en inglés eh mecagoenlaputa)
The Office (primero la versión UK luego nos desplazamos a la magnífica USA)
The IT Crowd
Tell me you love me
En Terapia (In Treatment)
Damages
Expediente X
House
Curb your enthusiasm
Roma
Rockefeller Plaza
Breaking Bad
Nip/tuck (a golpe de bisturí)
Mujeres desesperadas

Las que empezaron en la season del 2008-2009 y deberías seguir
Fringe (entrada sobre ella)
Dollhouse (entrada sobre ella)
United States of Tara (buena comedia firmada por Diablo Cody y producida por Spielberg)

Aquellas de las que debes huir no matter what
My own worst enemy
One three hill (2ª temporada en adelante)
Prison Break (2ª temporada en adelante, pero si empiezas, tú sabrás)
Heroes (huye)
Sin cita previa (y todo lo relacionado)
Los Simpson (dígamosle a Antena 3 que existen más series de animación para la sobremesa)
Física o química

Series para pasar el ratico sin pretensiones (adjunto calificación personal)
Kyle XY (6)
Boston Legal (7)
El mentalista (6,5)
Me llamo Earl (5,5)
Padre de familia (8)
Smallville (7)
Supernatural (7)
Scrubs (6,5)
Anatomia de Grey (6)
The Shield (8)
Shark (6,5)
The big bang theory (7)
Worst Week (6)

Recomendaciones británicas
Life on Mars
Dead Set
Flying with the Conchords
(no es británica, sino de la HBO, pero como si lo fuera)
The It Crowd (FUNDAMENTAL)
De nuevo, Extras y The Office

Series que siguen en verano
Er... Que merezcan la pena, una, pero merece mucho la pena: True Blood
También esta la de Harper´s Island pero...bueno, ya me entiendes
¡¡¡Y ha salido el pilot de The Cleveland Show (spin off de Padre de Familia)!!!
Y el de Cáprica, el spin off de Galáctica.

Recomendaciones cortas
Doctor Horrible (el musical de Joss Whedon; dura 40 minutos, son 3 actos y es una maravilla)
John Adams
Dead Set (otra vez, la recomendé en series británicas, es una miniserie de 6 capítulos)
Ve al cine -No es una serie. Es en serio. Ve al puto cine (mirar reflexiones cinéfilas)

viernes 3 de julio de 2009

Prometedora Cáprica: belleza y maestría en un arranque memorable


Cuando Battlestar Galáctica terminó su recorrido de 4 temporadas Ronal D. Moore se aseguró de que la conclusión final abarcase no sólo las tramas y conflictos de los personajes, sino también a los espectadores y a toda la Humanidad. El punto final de la serie redibujaba la narración como una vibrante, profunda, y meditada fábula que delimita la manida relación entre hombres y máquinas como una estructura cíclica. Todo esto ha pasado ya y volverá a pasar. Pero lo interesante, vienen a decirnos, es el camino. Y como diría Jacob (el enigmático personaje de Lost, serie que no tardó en apropiarse la mencionada máxima para su mitología): sólo acaba una vez, pero cualquier cosa que suceda antes de eso es un avance.

Creo no ser el único que afrontó con inmenso escepticismo, vagancia y desinterés -aunque no sin cierta intriga- el desarrollo de Cáprica, un spin-off que sonaba tan útil como la expansión para PC de Cien años de soledad. Quizá era cuestión de darle un tiempo, y así se lo recomiendo a quienes vayan agotando los capítulos que queden en la recámara del final de BSG... porque Cáprica es algo nuevo, con posibilidades, incluso -y creo ser el único en todo el universo blogger a nivel mundial que se atreve a decir esto- mejor que su predecesora. Más filosófica, más pulida, más orquestada (no es ningún secreto que el final de Galáctica fue una milagrosa improvisación para tapar agujeros).

Por partes. Cáprica es un spin off, pero no es Fraiser. A diferencia de la genial comedia heredera de Cheers, Cáprica es una precuela independiente en su forma de Galáctica pero no en su alma, y así está concebida, tal y como George Lucas planeó los Episodios I, II y III de Star Wars: sí, hay cierta pretensión de reorganización cronológica, pero sin los segundos no habría los primeros. Y aquí se acaba la metáfora porque ningún Jar Jar Binks planea por Cáprica. Sólo maestría narrativa.

No existe en mi imaginación lluvia de ideas que posibilite la grandeza con la que Moore ha esbozado los 58 años previos al telefilm que dio origen a Galáctica. En un mundo en decadencia, fusión entre el nuestro, su probable futuro y algunos elementos de la Antigua Roma (que volverían locos a mi profesor de Relaciones Internacionales) comienza un proceso que nuestros instintos cinéfilos intuyen catastrófico: la creación de vida artificial inteligente. Robótica. La situación política muestra un levantamiento en la población de una minoría fanática monoteísta frente a un Estado politeísta. Además, se nos muestra la tragedia de dos familias: la de un científico pudiente y la de un mafioso descendiente de una raza trabajadora vejada socialmente, apellidada Adama. Los fans de Galáctica tienen aquí poderosos paralelismos y guiños frikis para asomarse a Cáprica. Pero la belleza de la nueva historia debería ser el motivo principal.

La primera Cylon autoconsciente de la Historia es Zoe. Paradójicamente, se trata del personaje humano con más carisma de este arranque, que fallece apenas transcurridos 20 minutos. Hija del científico protagonista, es una avezada adolescente de creencias monoteístas e increíbles conocimientos de informática que ha conseguido crear un avatar virtual que recoge totalmente su personalidad. Tras su fallecimiento, su padre descubrirá este ente virtual y luchará por devolver a su hija al mundo... aunque el único modo posible sea como un modelo experimental, rudimentario y tosco de los robots-soldado en los que trabaja para su empresa, los cylon.

Es un argumento, simplemente, brillante, que sacia con efectividad algunas incógnitas de peso sobre la mitología de su serie madre. Si este piloto no tuviera continuación, seguiría siendo un coherente y magnífico complemento a Galáctica. Pero el caso es que existen 18 episodios más llenos de genio, que empezaremos a disfrutar tras el verano.

Es cierto que no tiene, ni de lejos, la fuerza del excelento comienzo de Galáctica, la miniserie, y que existe cierta dependencia emocional de su progenitora. Sin embargo, el cambio de rumbo en su temática es total. Este piloto sería excelente con independencia de todos los factores mencionados. Hay inteligencia detrás de cada diálogo y premisa, y hay ritmo, ambientación irreprochable y melancólica, algo más oscura que en BSG. Si algo se ha perdido en el camino es la espectacularidad de los efectos visuales, aunque no está muy claro si se trata de una falta de presupuesto o del reto que supone dar vida a situaciones CGI más realistas que en Galáctica. En cualquier caso, sí que es cierto que se le ven las costuras a la animación digital... aunque nada grave (sobretodo para quien haya visto Buffy, Smallville o las películas de Spiderman, por poner tres ejemplos de dirección artística competente pero CGI´s bochornosos).

Recomendación mayúscula incluso para aquellos que, como un servidor, no son especialmente fans de la ciencia ficción. Si los inefables episodios I, II y III de Star Wars trataron de mostrarnos al humano bajo las vestimentas del autómata Darth Vader (y no "como un tío se vuelve malo" como adelantaba el megalómano y tramposo George Lucas) y la caída de una democracia a favor de la seguridad que inspira un Imperio; Cáprica nos muestra, desde el primerísimo capítulo, que la primera tostadora... fue una niña. Talibán, para más inri. Ahí es nada.


miércoles 24 de junio de 2009

Fiesta del cine: reflexiones cinéfilas


La Fiesta del Cine ha sido una maravilla, pese a que ni dios ha acudido a las salas. Nos quejamos mucho de los precios de las entradas, pero este vacío cuando las regalan sólo huele a hipocresía. Aunque, siendo justos, organizar la fiesta un lunes y martes de San Juan (nadie tiene excusa el domingo) va un poco a contracorriente.

Aún así, yo por mi parte he desaprovechado la coyuntura para ver los siguientes films que comento en pocas palabras:

Los mundos de Coraline (7 menores en la sala al principio de la proyección; cuatro al final). Con una animación magnífica (ha ganado poca fluidez respecto a Pesadilla antes de Navidad, pero sigue siendo impresionante más de diez años después) esta pequeñísima historia sobre la lucha entre una niña y su desbordante imaginación como vía de escape a la monotonía de su nueva vida tiene sus mejores bazas en la impresionante labor artística del conjunto, en su música, y en la oscuridad de su historia y de su estética. No es una comedia. Es una película de terror para niños. Sí, gracias a Tim Burton y al director de Coraline, desde Pesadilla antes de Navidad (muchísimo menos ácida, oscura y terrorífica que ésta) los niños tienen una alternativa en esta obra con olor artesanal, imaginativa y dramática, y no una obligación de derretir su masa cerebral con la película estándar de animalitos con voces de famosos. Ahora... Otra cosa es que los niños quieran esa alternativa. Los de la sala a la que asistí parecían buscar la risa a la que estaban acostumbrados, embotados e incapaces de disfrutar del descenso a los infiernos de la protagonista, sumida en una mentira que la devora y que hace que la realidad verdadera, difícil y aburrida, empañada por la infelicidad cotidiana, termine siendo aceptable.

¿Hacemos una porno? (4 personas en la sala, entre ellas un niño de unos 7 años y una madre manifiestamente incómoda pero que no hizo nada una vez empezado el festival de chistes sexuales que se suceden sin descanso en la película) Kevin Smith con el piloto automático puesto está perdiendo la oportunidad de reivindicarse como el verdadero artífice de la "Nueva Comedia Americana" atribuida mayoritariamente a Apatow. Lo cierto es que este nuevo "movimiento" bebe de lo que descubrimos en Clerks y, sobretodo, en Persiguiendo a Amy: las comedias románticas para chicos. Más escatología que el de chicas, pero también una reflexión más honda bajo los trazos gruesos de sus chistes, normalmente sobre el patetismo de sus protagonistas, y un estudio soterrado de los mecanismos psicosociales del hombre de nuestra generación, el más inmaduro y perdido que se recuerda en un mundo reconocible, poblado por una sociedad abigarrada, frívola y desubicada. Smith se aleja a zancadas de la colosal -no por ello menos autoconsciente- patochada de Jay y Bob el Silencioso Contraatacan, pero corre en una dirección muy distinta a la de sus grandes films, y cada vez parece más irrecuperable. Las gracias han perdido frescura y los personajes ya no verbalizan verdades, sino chistes baratos. Aún así... Hay pocas oportunidades para reirse tanto en el cine.


"Millenium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres" (sala prácticamente llena, ¿quién dijo que en España no se lee -bestsellers-). Hablar de momento dulce en el cine sueco por el arrollador éxito de la película de culto "Déjame entrar" y el comercial de esta adaptación de Stieg Larsson es decir un tópico. Pero bien es cierto que el cine sueco se mueve en presupuestos moderados, y Millenium bien podría ser una adaptación norteamericana (me desdeciré cuando hagan el más que plausible remake) tanto en su factura como en su falta de ambición artística, al servicio de la traducción lo más literal posible. ¡Qué viejo es este debate! Al recortar un libro para encajarlo en un largometraje se plantea un dilema: hay cosas que se suprimen porque "no funcionan" en la gran pantalla. Pero otras, simplemente, se quitan por accesorias. Esto dice mucho de la novela de Larsson. ¿Cuántas aristas de algunos tramos de la narración podían haberse pulido? ¿Cuántos diálogos haberse reducido? ¿Qué informaciones eran innecesarias para el conjunto? Esta película nos descubre unas cuantas, mientras que las partes más morbosas cuentan con una reproducción fiel. En resumen: la adaptación es buena teniendo en cuenta que el material es poco cinematográfico (algo más que las novelas del sueco Henning Mankell, desde luego, pero aún así) y que, a diferencia de Déjame Entrar, aquí el interés de ser fieles a la obra y a su vasta audiencia era imperativo económico.


"Terminator Salvation" (sala a medias...habrá Terminator 5). Guau, McG. Este acólito de Michael Bay (menos enamorado de los soldados norteamericanos pero amante por igual de la acción descerebrada) ha trabajado en una buena historia para regenerar la saga, sin cumplir del todo con el espectáculo, algo sobresaturado y falto de carisma. Sam Worrington es una bestia parda y su personaje, apenas esbozado con los jirones de algunos tópicos del viejo western, es lo más interesante de la película, además de la anecdótica aparición de Chuache en digital. Mucha cámara en mano, explosiones y planos secuencia molones, pero un desarrollo de personajes más lánguido que su protagonista, un Christian Bale reducido a comparsa. El resultado, por otro lado, le da cien mil quinientas patadas a la descafeinadísima Terminator 3. Los fans se llevan las manos a la cabeza y sacan a relucir la maestría de James Cameron... mientras que éste se encoge de hombros y cuenta billetes completamente indiferente.

lunes 25 de mayo de 2009

[Season Finales 5] 24: el thriller trillado

La crítica mostrada a continuación tiene una duración de lectura estimada de 3 MINUTOS. La lectura ocurre en tiempo real. ¡Los videos no cuentan!


00:00-> 24 ha vuelto con la intención manifiesta de resurgir de las cenizas tras la quema llevada a cabo por la crítica, que denostó una 6ª temporada espectacular en su forma, pero argumentalmente previsible, reiterativa y demasiado apologética de la tortura. La serie ha callado bocas, sobretodo porque -no hay que olvidar- que padeció un año entero sin emitirse (la eterna sombra de la huelga de guionistas, uno de los más importantes Episodios Oscuros de la ficción norteamericana). Su regreso ha sido satisfactorio, como mínimo, y notable, si olvidamos que la fórmula está empañada por la visión de un espectador habituado a sus costuras. Y no nos referimos a la dosificación de cliffhangers exactamente a las "en punto" -es decir, al final de cada capítulo- o a la archiconocida complementación de delirantes tramas conspiranoicas con la fría quietud de los dramas de pasillo en la Casa Blanca, que tantos picos emotivos siguen cosechando, no. Hablamos de otra cosa.

34 segundos, 35 segundos...

Nos referimos a la estructura dramática en espiral que tan magistralmente despieza Manel Jiménez en "Duplicidades espacio-temporales en 24", dentro de la obra de referencia La Caja lista: televisión norteamericana de culto de Concepción Cascajosa Virino. Este autor señala algunas de sus claves, como la Matruska de enemigos que se van revelando según avanza la trama, sutilmente, para que el espectador no perciba que en realidad, hasta el capítulo 20 Jack Bauer no estará enfrentando a su verdadero Némesis, y que todo lo anterior son fuegos de artificio (entretenidísimos, eso si). Esta vez, para enlazar, se sacaron de la manga un elemento tramposo pero refrescante: el regreso de Tony Almeida, uno de los más queridos personajes de la serie... que había muerto en la 5ª temporada.

58 segundos, 59 segundos...

01:00 -> ¿Han amortizado este regreso? Ciertamente, el juego del doble-espía-doble y el tema tácito de la redención crean una tensión permanente en los pliegues de sus tramas, para revelar en la recta final su verdadera naturaleza, no por tópica menos espectacular. Tony Almeida es aquello en lo que Bauer corrió el riesgo de convertirse, y ahora son dos cabezas de un mismo monstruo: Tony, el antihéroe descreído de sus principios morales y Jack, el soldado que perdió su alma durante su fiel servicio al país. Esta temporada explora la huída hacia adelante del primero y las confesiones criminales del segundo. Lo gracioso es que, a pesar de que Jack insiste a Tony para que se entregue, este 7º día comenzó con la antesala 24: Redemption, un telefilm que situaba a Bauer en Sangala, exiliado lo más lejos posible de las autoridades que pretendían encarcelarle por sus violaciones de los Derechos Humanos.

1:28... 1:29...

Una hipocresía que los guionistas no han sabido manejar con claridad: Jack se convierte aquí en maestro de una veterana agente del FBI, y pese a sus escarceos con el reconocimiento moral de sus crímenes, la conclusión vuelve a ser "si veo a 10 niños secuestrados en un bus, haré lo que sea para liberarlos". Dí que sí Bauer. ¿Quién ha dicho que su ultraconservadurismo, tan criticado, no es parte de una propuesta que no trata de justificarse? ¿No late acaso una colosal vena demócrata en las tramas de los presidentes ficticios de EE.UU. (un negro pre-obama, un cobarde genocida y ahora una mujer)?

2:00 -> Bauer es un héroe crepuscular enfrentado ya a siete días en el infierno y que, al revés que en otros dramas, han añadido una herida más en el costado y en el alma de su protagonista. De las decenas de personajes principales que vimos estos ocho años apenas continúan con vida tres. El protagonista está en un agostamiento permanente, implacable e inexorable, y su dolor lo arrastra frente a la audiencia, como un gladiador posmoderno. Debe ser difícil interpretar a un héroe sin motivos para sonreir (y ahí está Kiefer Sutherland para que nos lo creamos) pero más duro es ver que sigue en pie, ofreciendo algunos de los momentos más excitantes y emocionantes de una televisión que le ha cogido el testigo a la acción de los 90, a la manifestación de lo analógico en un envoltorio hiperrealista y digital como el del Washington de 24.

2:24, 2:25...

Todavía puede ocurrir cualquier cosa en esta serie de víctimas por minuto, catástrofes irreversibles que se revierten, presidentes de principios inquebrantables que más bien parecen cylons bañados en la perfecta moral usamericana, dramas mínimos extrapolados al abismo del fin del mundo... y al mérito de su creador, Joel Surnow, en su propia huida hacia adelante de permanecer estilísticamente intacto en un drama sin posibilidad de más escapatoria lírica tras la acción que un llanto incontenible al final del día, una puesta de sol mortecina o las consecuencias de transmitir una violencia sin medida. Sin duda, el auténtico mérito de 24 es...

2:58, 2:59...

3:00.
(De postre, 24 según La Hora Chanante y Nacho Vigalondo)

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martes 19 de mayo de 2009

[Season Finales 4] Comedias que aún hacen reir


Con el fin de no prolongar hasta el infinito los post sobre los finales de temporada que mayo nos ofrece, se antoja imperativo reducir la carga de texto dedicado a cada serie. No consideramos aquí la comedia un género menor, sino todo lo contrario, pero el hecho de haber hablado ya de dos de las apuestas más hilarantes de la programación actual nos permite resumir, en unas líneas concisas de diáfanos argumentos, lo que han aportado este año las siguientes propuestas:

The Office
Actualmente, la apuesta más consolidada de la NBC y una garantía comercial, hasta el punto de que la cadena mareó la perdiz con la posibilidad de un Spin-off que finalmente fue una serie propia (Parks and Recreation, auténtico autoplagio).

The Office es una maravilla: el reparto de secundarios, cada vez más protagónicos, funciona como sólido engranaje en la maquinaria de diálogos brillantes y situaciones delirantes que ocurren en una oficina, por lo demás, impregnada de la gris desidia de cualquier oficina. Esta última temporada ha culminado la evolución iniciada en la 3ª. Finalmente la producción se ha librado del complejo de la versión británica de (el inmenso) Ricky Gervais y ha jugueteado con sus propios principios de ensayo surrealista sobre la monotonía, desviándose hacia tramas -o espejismos de tramas- que desfocalizan el centro dramático y se permiten explorar a los personajes en diversos entornos cómicos y emocionales, aparcada ya la necesaria descripción de pasadas temporadas. Ver a Michael Scott (Steve Carrell) abandonar su trabajo y tratar de rehacer su vida es una auténtica epopeya de proporciones mínimas.

Este nuevo rumbo, que si bien está conduciendo a la serie a territorios más convencionales y manifiestamente menos corrosivos que su propuesta fundacional, mantienen el altísimo nivel de agudeza e ingenio. Sólo así puede explicarse un capítulo "tan poco The Office" y, sin embargo, tan inspirado, como el especial 5x13 Stress Relief, en el que se brinda uno de los apocalipsis más hilarantes que se hayan visto en la pequeña pantalla (del ordenador, en nuestro caso) cuando el inefable Dwigt Scrute decide provocar un incendio para hacer un simulacro lo más práctico posible, y que demuestra que existe un humor propio y genuino, especialmente en su contraposición al desafortunado cameo de Jack Black, que desentona de forma alarmante con el status quo de la serie.

En resumen, una temporada agitada argumentalmente, arriesgada pero también más convencional, aunque todavía enorme en las actuaciones de un reparto brillante en su totalidad, lleno de frescura y que es complemento al increíble trabajo de Steve Carrell (sangrante que no haya recibido un emmy por este papel). La serie está estabilizada, y creativamente en permanente mutación, sin traicionar del todo sus raices, por lo que se espera un retorno prometedor en septiembre.


LA ESCENA
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Un monólogo para la Historia: "¿Cual sería mi crimen perfecto? Me cuelo en Tiffany´s a medianoche. ¿Voy a por las joyas? No. Voy a por la lámpara de araña, su valor es incalculable. Una chica me descubre: me dice que me detenga, que es el negocio de su padre. Ella es Tiffany. Yo le digo que no. Hacemos el amor toda la noche. Por la mañana llegan los policías y yo escapo usando uno de sus uniformes. Quedé con ella en reunirnos en México... pero voy a Canadá. No confío en ella. Además, me gusta el frío. 30 años después recibo una postal. Tengo un hijo y es el jefe de policía. Aquí es donde la historia se pone interesante... Contacto con Tifanny y le digo que se reúna conmigo en París, en el Trocadero. Ella me ha estado esperando todo ese tiempo, no ha conocido otro amor. No me importa, ni aparezco. Me voy a Berlin, ahí es donde dejé escondida la lámpara de araña. "




How I met your mother

El flasback más largo de la historia sigue en plena forma, más consciente que nunca de su bien más valioso: el tremendo Neil Patrick Harris, que interpreta al misógino, cínico, pueril y aún así emocional Barney Stinson, una construcción dramática apoyada en los guiones -con altibajos, eso sí- soberbios que juguetean con la narrativa y los saltos en el tiempo, y que dominan la autorreferencia como retroalimentación y creación de iconos reconocibles para su audiencia.

La eterna postergación de la revelación de la identidad de la madre de Ted es un reclamo caprichoso -que no arbitrario- y ya no supone, ni de lejos, el centro neurálgico de la trama. De hecho, en la mejor tradición de sitcom sin complejos, son los personajes enfrentados a pequeñas eventualidades el motor semanal de la historia y los mejores gags siguen siendo, precisamente, los anecdóticos.

¡¡LA ESCENA!! (uno de los grandes gags del año)
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The big bang theory

Esta sitcom, mediocre en su factura técnica y carente de toda originalidad en lo narrativo ha ganado soltura en su segunda temporada gracias a la autoconsciencia por parte de los guionistas de sus puntos fuertes: la tensión sexual no resuelta entre Penny (Kaley Cuoco) y Leonard (el limitadísimo actor Johnny Galecki), cesión de algunos momentos de dramedia al actor Simon Helberg -que interpreta al judío Howard- y la omnipresencia de Sheldon Cooper (Jim Parsons) como contrapunto marciano a las tramas, que son cada vez más frikis, como cabía demandar.

Por lo general, el nivel de la serie, ya asentada, ha mejorado enteros gracias a un mayor dominio de los personajes -de descripciones establecidas- y a la brillantez de las líneas de Sheldon, magistralmente interpretado por un secundario a la altura del Niles de Fraiser: un prepotente, antisocial y casi lexitímico personaje encarnado con inteligencia que consigue alzarse por encima del encorsetado contexto de algunos gags.

Lo más interesante de The Big bang theory es su prometedor futuro. A pesar de su falta de pretensiones la serie recoge auténticos hallazgos cómicos en sus referencias a la cultura popular y a la ciencia, a la ficción y el merchandasing (desde la singular pespectiva freak) que son el auténtico encanto de la propuesta. TBBT es un retrato generoso, distanciado y blanco de los nerds, un entretenimiento descerebrado sobre personajes cerebrales, pero sólido y con posibilidades de convertirse en una comedia de referencia.

LA ESCENA
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lunes 18 de mayo de 2009

[Season Finales 3] House, a estas alturas

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Llevamos cinco temporadas disfrutando de las tramas de House, una serie que a día de hoy vive en un curioso equilibrio: se mantiene como serie de referencia para la crítica, bloguers y especialistas. Sin embargo, acusa el agotamiento de la audiencia. Parte de la culpa es su estructura procedimental, que si bien estaba presente desde el primer día, no fue el reclamo principal para el público más pasivo o casual.

House es un personaje complejo, magnético, pero a estas alturas no es capaz de llevar sobre sus hombros una audiencia que no conecta ni con sus casos médicos, ni con sus secundarios circunspectos, innacesibles y, a veces, demasiado cerebrales en su verbalización de los complejos enigmas que plantean los guionistas. La metáfora de la no-evolución del final de la tercera temporada, cuando House cambiaba su guitarra por otra igual, se mantiene, le pese a quién le pese. Es ya un recurso recurrente por parte de los showrunners amenazar con desbrozar la impertubabilidad de la trama: en la 2ª temporada fue la incorporación de la exmujer de House, que amenazaba con trastocar su infranqueable carcasa cáustica; en la 3ª fue el hazllazgo de un tratamiento que curó temporalmente la cojera del protagonista; en la 4ª la ruptura emocional con Wilson tras el fallecimiento de su novia y ahora, en la 5ª, nos vuelven a proponer un espejismo: la desintoxicación de House.

House no puede cambiar porque el concepto de la serie es una convención: se mantiene el esqueleto (calcado a los relatos cortos de Sherlock Holmes), pero en su contenido están las sorpresas. Su personaje es una fuerza de la naturaleza enfrentada, en cada episodio, a alguna realidad social, médica, psicológica, filosófica o religiosa en la que su honestidad y cinismo abren una brecha que da lugar a la reflexión. Los secundarios tampoco están abocados a grandes romances, y las tramas siempre exploran -desde el suspense- algún aspecto relevante, moral, de sus personalidades, en lugar de ceder a un folletín que abra su target a los fans de Anatomía de Grey. Así, cada capítulo es pura estructura: trama médica + trama House + trama secundaria, suavemente superpuestas, y siempre resueltas como un todo. Lo que ocurre entre sus personajes es pura interacción detectivesca. Todos tienen aptitudes inhumanas para recabar pistas, dirimir segundas intenciones y manipular con su retórica, tanto en lo personal como en lo profesional. Efectivamente, pese al cuidado de la producción para constatar la veleidad de la realidad laboral, y la profundidad de unos personajes tan banales, intercambiables, como humanos, cada capítulo de House es, en resumen, una experiencia intelectual y dramática, no siempre un entretenimiento vacuo con el que conectar un martes crepuscular, ni una comedia.

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Pero la pendencia entre el pedigrí de las tramas de House contrapuestas al agotamiento de su fórmula procedimental queda decidida por esos dos o tres capítulos por temporada en los que sus recursos se ponen al servicio de la experimentación argumental y la dirección artesanal (especialmente destacables son las colaboraciones de Campanella), que siguen ofreciendo, de forma autocombustible, algunas de las mejores horas de televisión del año. Si, es cierto que algunos huelen a Emmy, como 5x19 "Locked in", en el que la mitad del capítulo está narrado desde la impotente perspectiva de un paciente que sufre un daño cerebral que le inhabilita a comunicarse con otras personas. Pero esta 5ª temporada nos ha regalado 5x04 "Birthmarks", dónde Wilson secuestra a House para acudir al funeral del padre de éste, y el viaje nos revelará como estos amigos se conocieron (episodio que es hermano argumental de 3x07 "Son of Coma Guy", también al estilo road-movie, que nos ofrecía otra revelación: por qué House decidió hacerse médico).

También son destacables 5x09 Last Resort (o cómo House de rehén es más peligroso que su propio secuestrador), 5x15 "Unfaithful" (o House VS God 3) y la trilogía de capítulos que cierran la temporada, directamente relacionados con el trauma que produce en House la desaparición de un personaje y que provocan la personalización de su subconsciente en la confusa y provocadora imagen de Amber, cuando en realidad, el telón de fondo vuelve a ser la dependencia de la vicodina.

Las moralejas en House son contradictorias, variadas y siempre abiertas; y la carencia de entidad emocional en sus personajes no contradice su capacidad para poner sobre la mesa auténticos dilemas para el espectador. A estas alturas, las frases célebres por capítulo en House son mucho más difíciles de encontrar y la amenaza de cambios ya no sorprende. Sin embargo, su rutina mantiene el entretenimiento, la calidad y el atrevimiento de algunos planteamientos y sigue siendo plataforma para algunos de los momentos más interesantes de la temporada televisiva; mérito, entre otros, de un siempre inspirado David Shore. Si ha saltado el tiburón, desde luego es la serie que mejor lo disimula.